Embarazo Anembronario ¿Qué es?

Un embarazo anembronario ocurre cuando un óvulo fecundado se adhiere a la pared uterina, pero el embrión no se desarrolla. Las células se desarrollan para formar el saco del embarazo, pero no el embrión en sí. Un óvulo afectado se produce en el primer trimestre, a menudo antes de que una mujer sepa que está embarazada. Un alto nivel de anormalidades cromosómicas generalmente provoca que el cuerpo de una mujer se produzca un aborto natural.

 

Embarazo Anembronario: Mi experiencia

Hoy  finalmente he decidido escribir este relato, después de que han pasado varios meses desde que sufrí mi pérdida. Hasta ahora no he sentido necesidad de hacerlo y sé que muchas personas deseaban saber lo sucedido, pero algo me decía que no era el momento.

Todo comenzó a finales de mayo del 2017. Una noche me levanté y noté que tenía pequeñas manchas de sangre en mi ropa interior,  a lo cual no di demasiada importancia, puesto que había leído que cuando se tiene relaciones sexuales es muy frecuente tenerlas y, justo había sido el caso. Sin embargo, pasaron dos días y las manchas seguían y como noté que la cantidad era un poco mayor que al inicio, decidí acudir a urgencia.

Mi marido y mi pequeña me acompañaron, pero ellos se quedaron jugando en el parque mientras yo iba a la consulta. Yo, como es natural en mi, iba muy tranquila y confiada de que nada malo sucedía.

En urgencias siguieron el protocolo habitual, tomaron nota de mis datos y de los síntomas y me pasaron para que me hicieran una ecografía. Durante la eco pude notar que las personas que me estaban atendiendo (muy jóvenes todas), no entendían muy bien lo que veían y decidieron pasarme a otra sala cuyo equipo de ecografía, según entendí, tenía mejor resolución.  Una vez en la nueva sala, seguían sin decirme nada y con cara de no entender lo que había en la pantalla con lo cual llamaron a otra persona que se notaba que tenía más experiencia, ésta  al acercarse e indagar dijo: pues nada, es que no hay bebé… y se fue por donde vino.

Yo tendida en la camilla con las piernas abiertas y sin esperar nada de lo sucedido, pregunté tímidamente: ¿cómo que no hay bebé? A lo que me dijeron, pues no, no hay, está todo en su sitio (por eso dudaron tanto al ver la ecografía), pero nunca ha habido bebé. Se trata de un embarazo anembrionario y tienes que someterte a un aborto, lo sentimos. Vístete y ven para que firmes la autorización.

Así que aún en shock, me vestí y me senté, mientras la persona de turno me decía: esta es la autorización que tienes que firmar, mañana tienes que venir en ayunas e ingresar a las 8.00 de la mañana para que puedas someterte a un legrado. A continuación explicó escueta y brevemente lo que significaba y las “opciones” que tenía: tienes dos alternativas ponerte unas pastillas para que te pongas de parto y esperar a expulsarlo o someterte al legrado que es una cosa sencilla y rápida. Nosotros te aconsejamos someterte al legrado puesto que así se pueden recoger muestras y hacer estudio de lo que expulses. Sin más información y sin saber qué decir, firmé.

Me fui con una tristeza enorme y con dos pastillas de Cytotec en el bolsillo que debía ponerme al día siguiente a las 6.00 de la mañana, dos horas antes de ingresar para la intervención. Cuando vi a mi marido venir sonriente a mi encuentro, no me salían las palabras… Nos fuimos a casa con una extraña sensación de no saber muy bien qué había pasado. Decidimos entonces pedir más información e ir a otra urgencias para una segunda opinión, motivados seguramente por la esperanza de que no hubiesen acertado con la interpretación de la confusa ecografía.

Entretanto, llamé a una amiga con la que había acudido a unas charlas facilitadas por la asociación El Parto es Nuestro y fue ella quien me habló del manejo expectante. Yo no tenía mucha información al respecto y comencé a indagar por la redes. Leí que consistía en esperar a que el cuerpo se haga cargo del proceso de forma natural y sea  él mismo el que desencadene la eliminación de los restos, pasando por un proceso físico similar a un parto, con expulsión del tapón mucoso, contracciones y expulsivo, sin pasar por quirófano y someterse a una intervención si no es necesario.

Me sentí más identificada con esta opción y antes de ir nuevamente a urgencias en otro hospital en busca de otra opinión, me informé y llevé las dudas apuntadas. En urgencias de este hospital me atendieron bastante tarde. Una de las principales razones fue porque venía de otro centro en donde ya me habían visto, lo cual para ellos no era una urgencia real y dieron prioridad a otras pacientes. Cuando finalmente me atendieron eran casi las 12.30 de la noche y lo primero que me preguntaron fue por qué razón había acudido allí si ya me habían visto en otro sitio. Tengo que decir que me decepcionó mucho la pregunta puesto que si tienes dudas sobre interrumpir la vida de tu hijo, porque cabe la posibilidad de un margen de error, es algo que no se debería ni cuestionar.

Después de hacerme las revisiones correspondientes y de haber llamado a las más expertas de la sala para confirmar las dudas que tenían con relación a lo que arrojaba la ecografía, corroboraron que efectivamente se trataba de un embarazo anembrionario.

Me dijeron que me tenía que someter al legrado y que ingresara al día siguiente tal y como me habían indicado en el otro hospital. Pregunté qué me podían decir acerca del manejo expectante y si esa podría también ser una opción para mí. La respuesta fue contundente: “hombre puedes elegir eso si quieres, pero te puedes desangrar en casa e igual tendrás que ir a urgencias y someterte al legrado”. Me quedé sin palabras…

Llegamos a casa casi a las 2 de la mañana y nos fuimos a la cama sin cenar, muy confusos,  cansados tristes y preocupados, dándole vueltas a la cabeza porque queríamos tomar una decisión.  Finalmente no sonó el reloj a la hora indicada y nos sirvió como buena señal para llamar al hospital y anular la intervención, pues yo no estaba preparada, ni física ni psicológicamente para ingresar a un quirófano y mucho menos sin haber descansado.

Yo no me negaba a hacerme el legrado si realmente era necesario, pero quería tomarme mi tiempo para pensarlo y, afortunadamente al ser fin de semana, me dieron una nueva cita para el lunes. Esto fue un alivio para mí porque tendría un par de días para meditar sobre qué quería hacer.

Finalmente, ese mismo día viernes 1 de abril por la noche, mi cuerpo sabio supo decidir y comenzó el solito todo el proceso, relajado y sin presión. Así comenzó mi propio manejo expectante. Decidí no pensar en el miedo que me habían inculcado en el hospital y elegí pensar en mis fortalezas como mujer y en mi propias capacidades naturales.

Fue una noticia muy dolorosa saber que ese bebé de casi 12 semanas que esperaba con tanto anhelo no se formó en mi vientre y que todo fue una ilusión momentánea.  También fue duro sentir que en algunos centros de salud pública hay ausencia de empatía, sensibilidad y respeto por las madres que sentimos el dolor de perder un hijo (porque aunque no se haya formado en mi ilusión siempre estuvo). Confiamos a pie puntilla en los profesionales a los que entregamos nuestro cuerpo y nuestro miedos, pero muchas veces también debemos confiar en nosotras, informarnos y buscar con nuestras dudas y preguntas el apoyo de esos verdaderos profesionales que sí están dispuestos a ayudarnos en situaciones como estas. Estoy convencida de que son muchos los que tienen verdadera vocación, para los cuales no somos sólo un número asignado ni un protocolo a seguir.

Espero os pueda ayudar en algo mi relato.

Indira Ruiz

Autor de la publicación

Pedagoga, especializada en Bellas Artes. Mamá de Gala y esperando a nuestro pequeño principito.

There are 4 Comments

  1. Publicado por Raquel Responder

    Me siento tan identificada me paso tal cuál te paso a ti igual, igual. Gracias de corazón por tu relato

  2. Publicado por Ana Cristina Responder

    Se por lo que has pasado perfectamente, no hace ni quince día me hicieron un legrado por el mismo motivo, es tiempo confusión, de desilusión, de tristeza….tienes todos los síntomas, tu barriga crece pero no hay nada, yo tenía el mismo tiempo que tú, es muy duro todo el.proceso. A mi me trataron igual, pedí 4 opiniones médicas y a cada cual me contestaba peor, y al final el día 1 de enero me estaba poniendo 4 pastillas de citotec para posteriormente en un par de semanas hacerme legrado por que no había limpiado bien. No las aconsejo para nada, es algo muy doloroso y un proceso muy traumático. Al final lo único que me queda pensar es que Dios no lo quiso poner en mi camino, el cuerpo es sabio y al menos no vi su cuerpecito ni escuché su corazón.

  3. Publicado por catalanobavara Responder

    Hola,
    pues en mi caso si había embrión y latido a principios de enero, pero dos semanas después se paró…en la semana 9 nos dimos cuenta, empecé a sangrar, la doctora me dijo que si sangraba demasiado fuera a la clínica a hacer un legrado inmediatamente pero me dió la opción de manejo expectante (aunque no era lo que recomendaba, yo le dije que así lo quería intentar). Y eso hice, al dia siguiente tuve dolores tipo de parto, sangrado normal tipo regla, un dia después de noche, me desperté mojada de sangre, fui al banyo y salió todo, placenta y restos..a pesar de la tristeza, en ese momento me sentí feliz, exultante de que mi cuerpo lo hubiera logrado y desde ese dia (hace 4 dias) me siento feliz, feliz de que mi cuerpo lo pudiera hacer (después de dos cesareas me ha dado confianza en mi misma) y poder iniciar pronto un nuevo ciclo (supongo que el hecho de tener ya dos hijos ayuda mucho…).

  4. Publicado por Planeando ser padres Responder

    Ay Indira, nunca he querido preguntarte por esto cuando hemos coincidido en persona, porque no es el momento, ni el lugar, pero he pensado mucho en este embarazo tuyo. Sobre todo, porque en fechas debía coincidir casi íntegramente con el de mi churumbelito pero 1 año después. Con él también tuve un episodio similar a este en el hospital, cuando estaba embarazada de 3-4 semanas. Como la matrona se empeñaba en contar desde el primer día de la última menstruación, para ella debía estar ya de casi 8, por eso, cuando tuve un pequeño sangrado en junio y acudí a urgencias, al buscar un embrión de 8 semanas, siendo el mío sólo de 3, lo primero que me dijeron es que allí no había bebé. Yo fui completamente sola al médico, como tú, convencida de que no pasaría nada malo, pero que era mejor prevenir, por si acaso. Y cuando me lanzaron aquello de esa manera ¡no me lo podía creer! Había hecho 4 test de embarazos positivos en la semana anterior y sentí que me trataban como a una loca.

    Yo me negaba a lo que me decían, pero es que según la ginecóloga allí no había nada de nada, ni embrión, ni saco, ni nada. Por suerte, pasó por allí una matrona que venía de atender un parto y señalando la pantalla dijo “Está ahí ¿no?”. Y gracias a eso ampliaron esa zona, me hicieron un test de embarazo en sangre y dio positivo. De menos de 4 semanas por el nivel hormonal que tenía. Pero esa hora y media que estuve esperando el resultado, que finalmente fue un simple sangrado de implantación ¡fue durísima! Yo ya me había ilusionado con mi nueva preñez, y de la forma más bruta del mundo me la habían arrebatado durante ese tiempo. Y ya ves ¡al final aquí tengo al mochuelo un año después!

    Ahora, muchas veces voy preparada para toparme con lo peor. Y mira que no he tenido malas experiencias de forma habitual en el médico, pero algunas como estas son como para que los profesionales se paren un poco a pensar el poco tacto que tienen con muchos pacientes.

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