Lazos de Amor

Esta mañana iba subiendo a mi coche cuando me di cuenta que llevaba puesto zapatos de diferente color. De mi interior salió una risa – ¿cómo puedo ser tan distraída? – pensé. ¿Cómo no me di cuenta antes?

En ese momento miré a mi bebé sentado tranquilamente en su silla. Parecía un muñequito, su camisa azul impecable, sus pequeños jeans y su pelo muy ordenado, listo para salir. Entonces comprendí que no era una cuestión de distracción sino de prioridad. Y es que no hay nada más importante ni que requiera de más atención, que este ser pequeñito que está sentado ahí.
Me puse a pensar en lo diferente que eran mis mañanas antes de ser madre. Recuerdo que al despertar acostumbraba practicar una pequeña meditación para alinear mis energías y comenzar mi día en perfecta armonía. Luego de una maravillosa y relajada ducha tibia, me arreglaba lo cual incluía peinado y maquillaje y me iba a desayunar, jamás salía de casa sin antes un buen desayuno.

Ahora que soy madre, los gritos de mi bebé me despiertan por las mañanas antes que el reloj marque las 7. El mundo para él es demasiado interesante como para desperdiciarlo en cama, hay mucho por recorrer y explorar. Así que ¡a levantarse!
Mis duchas son ahora entre balbuceos y gritos. El maquillaje se transformó en una simple “manita de gato” y el peinado en una rápida “cola de caballo”, que valga decir es lo más práctico para que mi hijo no me jale los cabellos. ¿Desayuno? -Oops, casi lo olvido!- Abro el refrigerador y miro que puedo tomar – Un rápido vaso de leche estará bien- Lo importante es que mi hijo está bañado, desayunado y luciendo perfecto. Eso es suficiente para mí.

Mientras conducía y con estos pensamientos en mi mente, escuchaba sus balbuceos y risas. Miré por el espejo retrovisor y vi su carita sonriente mirándome, parecía que quería decirme algo.

Al llegar a destino lo saqué de su silla, sus pequeños bracitos rodearon mi cuello y puso su cabeza sobre mi hombro. Respiré profundamente y caminé con el muy junto a mí, necesitaba sentirlo cerca.

Después de un rato alejó su cara, me miró y después de balbucear algunas palabras volvió a abrazarme fuertemente. Creo que era su forma de decirme te quiero.

Desde que soy madre mi vida ya no es la de antes, mi universo entero cambió. Hoy soy más feliz porque tengo a mi lado a este ser pequeñito, que me necesita más que nada en este mundo porque para él yo soy su mundo.
El que me busca con la mirada cuando ve personas extrañas y tira sus bracitos hacia mí porque para él no hay nada mejor que estar conmigo.

Él, que me ha enseñado a reír con las cosas más triviales y es porque su risa me contagia.
Él, que me ha enseñado a ver el mundo con otros ojos, con la inocencia de la primera vez, para el todo es nuevo y hoy lo es también para mí también.
Él me enseñó que soy una mujer fuerte y que si pude darle la vida no hay nada que no pueda hacer en este mundo. Lo llevé durante nueve meses conmigo y ese es un lazo de amor que nos acompañará por siempre.

Hoy que las reuniones de trabajo se transformaron en juegos y rondas infantiles; hoy que ya no soy dueña de mi tiempo porque mi tiempo es suyo; hoy que mis noches son intermitentes e interrumpidas por llantos nocturnos que me llaman; hoy que soy madre me doy cuenta que la felicidad está ahí, en lo más simple, en lo más pequeño, en su sonrisa, en su mirada, en sus palabras diciéndome: “mamá”.

Porque más allá de las cosas a las que renuncias, es cuanto ganas. No hay nada que pueda realmente explicar lo que es ser madre solo puedo decir que no hay nada más hermoso en la vida que la felicidad que te puede dar un hijo.

Marcela Allen

Imagen: Katie m. Berggren

Johannes Ruiz

Autor de la publicación

Mamá de tres mosqueteros. Convencida de que el amor no malcría. Difundiendo la Crianza Positiva. Pedagoga, Coach de Familia & Inteligencia Emocional, Educadora de Disciplina Positiva para Padres y Profesores.

There are 7 Comments

  1. Publicado por Moda Infantil Pequeplace Responder

    Que razón tienes, ya ni me acuerdo que es viernes o sábado, cuando antes salíamos con los amigos.
    Ahora me quedo con mi pequeña jugando a adivinar los colores y a bailar “el patio de mi casa no es particular”.
    No hay nada mejor que dedicarle tiempo a tus hijos.

    • Johannes
      Publicado por Johannes Responder

      jeje así es 🙂 nuestro mundo se transforma totalmente

  2. Publicado por Nuria Bueno Responder

    ¡Qué bonito y qué cierto!. Más de una nos sentimos así 🙂

  3. Publicado por Amanda Responder

    Qué precioso relato, yo que ahora estoy embarazada de mi primera niña, me quedo pensando en todos esos cambios que tendré en mi vida dentro de poco y también de lo mucho que se quieren a estos pequeñajos mucho antes de nacer, desde que sabes que lo llevas dentro, como tú dices, es un lazo que une mucho y aunque haya que pasar noches sin dormir lo suficiente o mil y una cosas, todo merece la pena. ¿A quién no le gusta, le agrada y le reconforta esa sonrisa de su hij@? Yo estoy deseando que llegue mi pequeña y estoy segura que sentiré lo mismo que tú has contado, que además lo has relatado muy bien y de una manera muy tierna. Gracias por compartirlo. Besos.

  4. Publicado por Laura Gil Responder

    Jajaja, cuánta razón!! Y sobre todo qué maravilloso es sentirse así. Me he emocionado 😉

  5. Publicado por Montse Cadilla Lomba Responder

    Que nos cambia la vida, bueno ¿y qué?, nos cambia para mejor porque desde el momento en el que vemos sus caritas sabemos que nunca más vamos a estar solas, que siempre vamos a tener a alguien a nuestro lado que nos va a querer incondicionalmente, porque en cuanto nos sonríen, el mundo nos parece perfecto y maravilloso, aunque llevemos zapatos distintos, vayamos sin maquillar o tengamos unos pelos de locas que para que…Para mi la vida cambio cuando llegó el primero pero ahora que acaba de llegar el segundo aún es más maravillosa

  6. Publicado por Novayasdescalza Responder

    Me ha encantado el post y me has emocionado. Me siento muy identificada, supongo que nos pasará a todas las mamás. Aunque algunas somos más sentimentales que otras. Mi niña tiene 11 meses y yo no “trabajo”, me dedico a ella, ya no tengo horarios, vivo en otro mundo, pero soy super feliz y me siento muy bien con sus miradas, con su risita, cuando come bien, cuando duerme, cuando gatea, cuando sale guapa en una foto, no sé, pequeñas cositas.
    Gracias por escribir este post!

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