¿Por qué mienten los niños?

Con frecuencia, los padres nos asombramos cuando descubrimos a nuestros hijos en una pequeña mentira, sin embargo, el valor que éstas ocupan en la mente de los niños no es el mismo que nosotros solemos otorgarle. Castigar sus fantasías puede ser contraproducente si no tenemos en cuenta las características de los pequeños, y de ¿por qué no?,  nosotros mismos.

creatividad infantil

La preocupación de los mayores frente a las mentiras de sus hijos, toma a veces, el carácter de un cuestionamiento de toda la crianza y la educación que hemos dado, ya que nos hemos esforzado a lo largo de todo el proceso de crianza, de transmitir el valor de la sinceridad.

Nos pueden surgir dudas tales como: ¿merece un castigo? , ¿lo dejo pasar?, ¿lo comento en el colegio? Y aparecen también ideas no del todo correctas sobre posible “maldad” en nuestros pequeños, o las consecuencias negativas que las mentiras pueden acarrearles en un futuro.

Si definimos que significa mentira, vemos que tradicionalmente se entiende por ello toda alteración o cambio de la verdad producido a sabiendas para la obtención de un beneficio secundario.

Pero entonces… ¿podemos llamar mentiroso a un pequeño de tres años que nos dice ha visto a su superhéroe favorito?

En torno a los tres- cuatro años, se atraviesa una etapa importante, descubren la posibilidad de no decirlo todo, y de inventar una historia. Mentir es para el niño la posibilidad de adquirir poco a poco la certeza de que su mundo imaginario interno permanece en él.

Ya a los seis y siete años aproximadamente, se comienza a adquirir valores morales y sociales. Por ello cuanto más tarde se dé la mentira, nos puede indicar una mayor funcionalidad de la misma, ya que el niño tendrá más interiorizado tendrá el valor social y la moralidad.

Se habla de que después de los ocho años, la mentira adquirirá su dimensión más intencional.

A nivel evolutivo, la mentira también es una prueba de realidad para nuestros pequeños, los cuales entre los dos y siete años, viven una etapa más “egocéntrica”, para posteriormente darse cuenta, que sus padres no les pueden adivinar el pensamiento, y de que ¡no lo van a saber todo!, comenzando de esta manera un principio de individualidad.

¿Cómo sabremos si tenemos que intervenir o no en estas mentiras?

  • En función de la edad o momento evolutivo en el que se encuentre nuestro hijo (en principio si es antes de los siete u ocho años, podemos observar, pero no sería necesario intervenir a nivel psicólogico, pero podría ser diferente si por ejemplo estamos en la etapa de la adolescencia)
  • Observar también si puede ser que la mentira sea fruto de un error (por ejemplo no recordar del todo lo que les dijeron en la clase de lengua).
  • La posible funcionalidad que encontremos de la mentira (por ejemplo eludir responsabilidades, ganarse un premio…)
  • Si la mentira es significativa, o todo lo contrario, carece de importancia
  • Si les sirve para llamar la atención.
  • Si son recurrentes

Y es que para finalizar, tal y como decía Hubbard…. “La mentira es un triste sustituto de la verdad, pero es el único que se ha descubierto hasta ahora”.

Johannes Ruiz

Autor de la publicación

Mamá de tres mosqueteros. Convencida de que el amor no malcría. Difundiendo la Crianza Positiva. Pedagoga, Coach de Familia & Inteligencia Emocional, Educadora de Disciplina Positiva para Padres y Profesores.

There are 1 Comment

  1. Publicado por Gema Responder

    Muy interesante el artículo.

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