Mi segundo hijo

Con la llegada de mi segundo hijo aprendí:

Que el amor no se reparte, sino se comparte. Que el corazón no se divide, sino que se multiplica. Que la capacidad de amar se extiende y que las ganas de querer vivir muchos años más, se intensifica.

Miento si digo que me tomé más a la ligera el embarazo. Es cierto que tengo muchas menos fotos de la tripa y que el test de embarazo lo hice rápido y a solas, pero los nervios minutos antes de una ecografía importante, fueron los mismos. Los rezos por su salud, aún mayores. El cuidado de mi cuerpo durante la gestación, igual. La alegría inmensurable de su llegada, idénticamente maravillosa.

Suponía que mi segundo hijo vendría a darme revancha. A darme la oportunidad de revindicar mi experiencia, mis miedos infundados, mis mambos con la teta y mis noches de desvelo angustioso. Pero no, allí estaba con él en brazos, atravesando sentires parecidos, el miedito de la responsabilidad, la frustración de la lactancia y el cansancio de la noche.
Reconozco que en algunas cosas me relaje, pero capaz por una cuestión de escasez de tiempo y no por la simple razón de que ya las viví.

Mi segundo hijo llegó para demostrar que muchas formas no fueron fruto de la inexperiencia, sino más bien elecciones conscientes de cómo criar, de cómo cuidar y de cómo manejarse. Me sigo sobresaltando por cosas. Con la diferencia que piso más firme.

Lloré como nunca el día que fui a dar a luz, deslicé un perdóname a mi hijo porque me daba cosita, ¡tan pequeño él y ya hermano mayor! pero no lo supe hasta que tuve en brazos al pequeño, que le estaba dando lo mejor que podía darle.

Juré que trabajaría arduamente para generar entre ellos una sana relación, ojalá sin competencia ni rivalidad sino más bien de mutuo apoyo y solidaridad, de compañerismo y de lealtad. Un lazo inquebrantable que trascienda cualquier dificultad.

Los segundos hijos llevan orgullosos la ropa usada y los juguetes baqueteados. Y te das cuenta que no pasa nada si el bodie está un poco viejito, cumple su función de igual manera. Con los segundos te simplificas, te das cuenta que menos es más. Pones en venta la mitad de los aparatejos que en su momento compraste porque te hicieron creer que eran fundamentales para el desarrollo del niño y que casi están nuevos en la caja.

No hay nada más hermoso que ver a los hermanos jugando, con sus códigos, con sus roles, y a su ritmo. Los grandes volvemos un poco a ser grandes, charlamos con amigas, tomamos café mientras ellos juegan. Que alivio para esas pequeñas personas. Que aire nos damos mutuamente.

En fin, tener hijos es una bendición inigualable y no me voy a cansar de repetirlo.A veces pienso que en lugar de pensar cuantos hijos tener en función a la escuela que puedo pagar, debería pensar en cuantos platos quiero poner en la mesa. Cuánto más grande quiero que sea mi corazón. Cuánto más acompañados quiero que estén los unos de los otros.

Los hermanos son amigos eternos. Son cómplices insuperables. Son sostén y compañía. Agradezco poder haber colaborado en la creación de ese maravilloso vínculo. De cada uno de ellos aprendí cosas, pero sí hay algo que aprendí de ambos, es que nada se compara como el amor hacia los hijos y que sean dos o tres o cuatro, cada uno siempre será especial, único y ocupará un lugar en mi corazón que ningún otro ser en la tierra, ocupará jamás.

Flor de Flower

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Johannes Ruiz

Autor de la publicación

Pedagoga, con 10 años de experiencia en metodología Montessori. Educadora Certificada de Disciplina Positiva para Padres y Profesores certificada por la Asociación Disciplina Positiva de EEUU. Autora del Libro "El amor no malcría". Coach de Familia e Inteligencia Emocional.

There are 6 Comments

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    Publicado por Las pruebas de Laura Responder

    Hola!!
    No te puedes imaginar la necesidad que tengo de una entrada así. Tengo una peque y viene otro en camino y tengo mil dudas y miedos de que pasara con el segundo, que sentiré y bueno mil cositas que veo que son normales. Que verdad no me he hecho fotos de la tripa y mira que me dice mi marido. Este embarazo lo estoy viviendo diferente y creo que es cierto lo que dices la falta de tiempo. Tengo ganas de tenerle entre mis brazos pero a la vez miedos, incertidumbres pero pienso que si hemos superado uno, habrá baches pero todo puede superar una madre. Me encantaría como dices fomentar una unión de apoyo entre ellos. Muchas gracias por esta entrada.
    Besos.

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    Publicado por Mis Chic@s y yo Responder

    Comparto lo que dices en el primer párrafo, para mi cada embarazo ha sido único, y aunque diferente vivido con ilusión e impaciencia máxima(y tengo 3) En cuanto a lo de jugar entre hermanos para mí es una de las cosas más bonitas de la maternidad, es difícil expresar lo que se siente al verlos disfrutar juntos, pero tu me entiendes! Para mi tener hijos es de las cosas mejores que nos da la vida!!

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    Publicado por resi Responder

    Hola guapa, pues me encanta lo que aprendiste con el nacimiento de tu segundo hijo, creo que se vive de forma diferente pero esta bien tambien que saques de ahi una enseñanza! es verdad que siempre se dice lo bueno que es que los hijos tengan hermanos pero no se habla de lo que le aporta a los padres su nacimiento, buena entrada! besos

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    Publicado por Carmen BelGar Responder

    Hola.
    Supongo que el miedo de cambiar tu vida, para bien, y de qué pasará existirá en ese momento del primer hijo y de los que vengan después. Aparte, creo que es necesario para un niño tener un vínculo con otro hermano-a, además de ser precioso. La maternidad es un momento que con sus más y sus menos hay que disfrutarla.
    Un beso.

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    Publicado por abbie Responder

    Tengo que reconocer que tener un hijo es una bendición pero tener dos es una doble bendición! queda claro decir que los niños son lo mas bonito y además cuidar los peques debe de ser algo genial. Yo ahora mismo no tengo niños pero reconozco que es algo muy bueno. Los niños son lo mejor del mundo

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    Publicado por carmen carpena Responder

    ¡Hola! Bueno yo no he sido madre y personalmente dudo que lo sea hasta dentro de mucho tiempo, si es que surge la oportunidad, pero en parte te quiero entender porque mis perros son para mi mis pequeños bebés y siempre pensé que no podría querer tanto a uno como al otro, pero tienes razón, no hay que partirse sino agrandar el corazón. Un beso.

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